Todo revivió este lunes con un trino de la candidata presidencial Vicky Dávila: "Bienvenida Alicia Arango al equipo. Vamos a sumar con todos los que quieran derrotar a la izquierda radical". De inmediato, el nombre de Alicia Arango a sus 66 años generó controversia. Tanto en la izquierda como en la derecha. Fue la confirmación de una designación que se venia rumoreando días atrás.
Ripostó el propio presidente Gustavo Petro: "Muy interesante, mientras la mamá es la asesora de la líder del movimiento más extremo de oposición; la hija, que es miembro de la Junta directiva del Banco de la República, no permite que baje la tasa de interés de la economía, buscando que el gobierno, al que la mamá se opone, se debilite". El mandatario se refirió a Bibiana Taboada Arango, hija de Alicia Arango actual miembro de la junta del banco emisor. Una funcionaria que fue designada el miércoles 3 de febrero de 2021 por el presidente Iván Duque.
En forma airada también lo hizo el expresidente Álvaro Uribe quien sacó un breve espacio en momentos en que responde en juicio por los presuntos delitos de presunto soborno, fraude procesal y soborno a testigos.
"Hace más de un año fui invitado por la doctora Alicia Arango a una comida en su casa, también asistieron el ex Presidente Iván Duque y el doctor Carlos Camargo. No recuerdo si fue a finales de 2023 o principios de 2024. Nada se habló sobre Vicky Dávila, hoy candidata a la Presidencia.
Siempre he cumplido la palabra en mi larga carrera política. Soy leal al Centro Democrático que lucha por un país seguro, con emprendimiento privado al alcance de todos, con cohesión social y economía fraterna, sin odio de clases, con estado pequeño y transparente. Me aperezan los chismes de la pequeña política, que los vuelven noticiosos y nada aportan a las soluciones que la comunidad requiere", puntualizó Uribe.
Y Dávila le respondió de inmediato: "Así es. Hay que pensar en el país más que en los egos de los políticos…".
No obstante, y más allá de la controversia política que generó su nombre, Alicia Arango tiene un pasado de sobresaltos políticos. Desde los condenados primos Guido, Miguel y Manuel Nule, pasando por el gobierno de Enrique Peñalosa, nadando impetuosa en las aguas de Álvaro Uribe, saboreando de las mieles del poder con Iván Duque y ahora comenzando como estratega política de la candidata presidencial Vicky Dávila.
Al respecto, la Agencia de Periodismo Investigativo, API, envió unas preguntas a Alicia Arango a través de su cuenta de la red social X este martes al mediodía que no respondió.
El comienzo
Con algunos pergaminos académicos Alicia Arango comenzó su variado trasegar en la política. Primero como administradora de empresas del Cesa y luego con un posgrado en gestión pública e instituciones administrativas en la Universidad de los Andes.
Una formación que le permitió comenzar a trasegar en los espinosos caminos del Estado. Inicialmente como asesora en el Ministerio de Educación, y en el ICBF del Cesar y Cundinamarca, de la mano de otra de sus amigas de Cartagena; Adelina Covo, actual suegra de Armando Benedetti.

Después de la carretera al municipio de Chalán y varias instalaciones de gas domiciliario en Sucre con su empresa pionera MNV Construcciones, los hermanos Manuel y Miguel Nule dejaron Sincelejo en 1998 y llegaron a Bogotá. Abrieron una oficina por el Parque de la 93 y cuando pensaban cerrarla porque no salían suficientes negocios, apareció la funcionaria que les abrió la puerta de la contratación oficial: Alicia Arango Olmos, directora del Instituto de Recreación y Deportes (IDRD) en la administración de Enrique Peñalosa.
Oriunda de Cartagena pero de ancestros sucreños, y entonces casada con el contratista con varias entidades del Estado y empresario José Luis Taboada, de Corozal (Sucre), Alicia Arango había asumido la dirección del IDRD en febrero de 1999.
Según recuerda un abogado que fue testigo de algunos de los encuentros, rápidamente les tendió la mano a los Nule con obras de construcción y recuperación de parques, dentro del programa de desmarginalización de barrios del gobierno Peñalosa.
Dos personas más fueron claves para el contacto de los Nule con Alicia Arango y la posterior concesión de contratos. El abogado Jorge Pino Ricci, experto en derecho administrativo y asesor jurídico de múltiples entidades públicas desde los años 90, y Horacio Mendoza Martínez, dueño de la empresa constructora HMM S.A., también sucreño y en ese entonces suegro de Miguel Nule, como quiera que su hija Rina Mendoza estaba casada con el mayor de los hermanos. Mendoza fue determinante para acreditar experiencia.
Palanca inadvertida
En la contratación pública en Colombia existe un ítem conocido como el K, que se define como la capacidad que tiene una empresa privada para concertar negocios con el Estado. Es una especie de puntaje que otorga mayor opción de ganar una licitación cuando se acredite experiencia y solvencia financiera. Eso fue lo que les aportó Horacio Mendoza a su yerno Miguel Nule y sus socios y de paso les permitió ganar terreno en el mundo de la contratación oficial con una primera palanca en altos círculos: la administradora Alicia Arango.
Con una ventaja inmediata: a partir de 2002, Alicia Arango pasó a ser secretaria privada del presidente Álvaro Uribe Vélez y para entonces los Nule, con el apoyo de terceros, en especial del prestamista Carlos Gutiérrez, ya incursionaban en otra práctica económica: crear nuevas empresas como Gas Kapital o Bitácora Soluciones, o comprar otras como Ponce de León S.A. En pocos meses ya no sólo construían parques, vías, acueductos o cárceles, sino que también, y de manera insólita, entraron al negocio de la interventoría de recursos públicos.

Y en este último escenario, un cartagenero fue decisivo para sus negocios. El exsuperintendente de Puertos y director de la Comisión Nacional de Regalías del gobierno Pastrana, Juan Manuel Barraza. A partir de 1999, con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), la vigilancia de los dineros por contraprestación económica a las regiones contó con los Nule. Particularmente, para la Costa Norte, entre 2000 y 2001, estuvieron como interventores Horacio Mendoza y la empresa Ponce de León y Asociados.
Para 2004, cuando el gobierno decidió liquidar la Comisión Nacional de Regalías por reiteradas fallas financieras y contables, para entregar su manejo a la Dirección Nacional de Planeación (DNP), en su primera inspección esta última entidad detectó 60.000 registros de presuntas irregularidades. Un año después, al advertir indicios de incumplimientos de un consorcio donde tenían participación los Nule en Casanare —mayor receptor de regalías—, la DNP ordenó suspender una nueva licitación.
Sin embargo, el PNUD convocó a un amigable componedor que en noviembre de 2005 concluyó que debía presumirse la buena fe de las partes y que se aceptara que los errores eran producto de omisiones asociadas a procesos deficientemente definidos. De esta manera, la Unión Temporal donde tenían dinero los Nule ganó la licitación y sostuvieron su interventoría hasta 2008, en que el contrato se canceló por graves incumplimientos. La Contraloría, la Procuraduría y la Fiscalía conocieron estos pormenores y aún no hay decisiones.
Lo claro es que dineros de las regalías de Casanare y Meta que eran objeto de su interventoría fueron a parar a sus empresas, que ya desarrollaban obras de infraestructura de renombre. Por ejemplo, $8.000 millones de regalías del Meta terminaron en una de sus firmas en Cúcuta y $4.000 millones del Casanare en el consorcio Bogotá-Fusa.
En agosto de 2008, ante la cancelación de varios contratos por utilización indebida de dineros de regalías para proyectos particulares, en el Congreso se adelantó un debate contra la DNP. Paradójicamente, el senador citante fue el hoy condenado Iván Moreno.
Lluvia de contratos y Odebrecht
Pero en ese momento, aunque se ventilaban las primeras suspicacias, los Nule aún gozaban de enorme prestigio. Desarrollaban la codiciada obra de la doble calzada Bogotá-Girardot, ejecutaban los trabajos de mejoramiento de la ruta vial Rumichaca-Pasto, participaban en la empresa capitalizadora del Tolima (Enertolima), intervenían en la construcción de varios acueductos en Cundinamarca, realizaban labores de interventoría a las plantas de bienestarina del ICBF, le habían construido sedes a la DIAN. Estaban en todas partes.
En especial, tanto los Nule como sus asesores y socios eran bastante conocidos en el Instituto Nacional de Concesiones (Inco) y en el Instituto Nacional de Vías (Invías). Ambas entidades están adscritas al Ministerio de Transporte, donde por ocho años, entre 2002 y 2010, la máxima autoridad fue el fallecido ministro Andrés Uriel Gallego. A finales de 2010, cuando a los Nule ya se les había venido la noche y la justicia empezaba a exigirles nombres, señalaron a Gallego.

Y también salieron a la palestra el exviceministro de Transporte Gabriel García, la cabeza de Odebrecht en Colombia y quien ofició entre 2007 y 2010. Fue el protagonista del escándalo de corrupción como quiera que aceptó cargos y fue condenado en diciembre de 2017 a 5 años y dos meses de prisión por haber recibido un soborno de US$6.5 millones de la multinacional por la adjudicación del tramo II de la Ruta del Sol. A este se sumó el entonces consejero presidencial Miguel Peñalosa y Juan Manuel Barraza, un dream team que actualmente se pasea sin problemas por Cartagena, especialmente, García y Barraza.
En calidad de director encargado del Inco, en 2009 García adjudicó dos tramos de la Ruta del Sol, una obra de ingeniería para la conexión vial de doble calzada entre Villeta y la Costa Atlántica. Pero los Nule perdieron y empezó su debacle.
Visitas a la Casa de Nariño
Otro asunto que se conoció en su momento las razones de las 19 visitas que los primos Manuel, Miguel y Guido Nule hicieron a la Casa de Nariño entre 2002 y 2010. Aunque el expresidente Uribe y su exconsejera Claudia Jiménez manifestaron que la última reunión fue para refrendar el compromiso de los Nule de cumplir con sus obligaciones legales. Además se planteó de Alicia Arango y el exsecretario general de Presidencia Bernardo Moreno unos encuentros de 2004 y 2005, allí.
En su momento, los Nule pretendían que el escándalo se quedara en Bogotá y que eventualmente, cayendo los hermanos Iván y Samuel Moreno, aliviarían sus cargas con la justicia. Pero todo resultó al contrario y fueron condenados.
Con otro detalle, muchos de sus socios y conocidos de ayer se convirtieron para la época en acuciosos acreedores a la espera de devolución de dineros invertidos por uniones temporales o simples deudas.

En la larga lista aparecieron para la época desde Jorge Pino Ricci o el papero Carlos Gutiérrez, hasta el exsuegro Horacio Mendoza. Con un concepto fiscal de otrora, buena parte de esas deudas, fueron producto de captación de dinero en algunos casos con tasas de usura superiores a las permitidas por la ley. Al parecer capitales que se invirtieron en las empresas del Grupo Nule en busca de rendimientos financieros o fueron producto de préstamos irregulares entre sus propias empresas.
Lo cierto es que aunque tanto en el IDRD en la alcaldía de Bogotá en cabeza de Enrique Peñalosa, y en los dos gobiernos de Álvaro Uribe, en donde fue su secretaria privada y posterior diplomática Alicia Arango se movió en aguas turbulentas. La justicia nunca la investigó y no ha tenido problemas legales.
De Uribe, Santos y Duque
No obstante, en el atardecer del gobierno Uribe, Alicia Arango llegó a las relaciones internacionales. Esto en momentos en que el presidente saliente ya enfrentaba los coletazos de la Yidispolitica, confesiones de la excongresista Yidis Medina quien reconoció dádivas para aprobar la reelección de Uribe. Un caso por el que fueron condenados en 2015, los ministros del Interior Sabas Pretelt y Diego Palacio de Salud.
Con la Casa de Nariño en llamas Arango fue designada por Uribe como embajadora de Colombia ante Naciones Unidas en Ginebra. Con la elección de Juan Manuel Santos, quien no la movió del cargo tras tener claro que era una de las personas más cercanas a Uribe.
Sin embargo, a comienzos de 2013, Arango tuvo un reto mayor. De nuevo Álvaro Uribe le pidió que retornara a Colombia para dirigir su partido Centro Democrático. Ello en momentos en que la ruptura entre Santos y Uribe era un hecho y este decidió enfrentar al mandatario con Óscar Iván Zuluaga, quien perdió la elección presidencial. Con el resultado, Arango se mantuvo al lado de Uribe en el partido hasta la elección de 2018, cuando llegó a la campaña de Iván Duque.

Junto con Luigi Echeverry, hijo de Fabio Echeverry, Arango hizo dupla. Primero para ganar la consulta interna y luego como parte esencial de la campaña que lo llevó a la presidencia en 2018.
Ello la revitalizó en el poder. Fueron cuatro años en donde quizás se convirtió en una de las mujeres mas poderosas de ese gobierno. Fue designada como ministra de Trabajo. Allí permaneció 18 meses. Luego pasó a ministra del Interior y al final, desde diciembre de 2020, retornó a la diplomacia como embajadora de Colombia ante la ONU en Ginebra, Suiza. Tras permanecer en el cargo año y medio renunció el primero de julio de 2022, once días después de la elección presidencial de Gustavo Petro en segunda vuelta.
Con un antecedente, justo cuando estaba en esa posición diplomática, Arango fijó lo que es actualmente su principio de vida: “Decir la verdad es ser imparcial, es ser neutral! La neutralidad significa no tomar parte según a lo que uno le convenga o le interese por temas ideológicos, de afectos o de odios. Ser neutral es ajustarse a los hechos, a la realidad y en caso de duda verificar a fondo”, posteó el seis de marzo de 2021.
Ya con el gobierno Petro en marcha, Arango escogió una vida más pausada. Dedicada a sus seis nietos. Con algunas asesorías en los dos últimos años se dedicó a ratificar su convicción por Álvaro Uribe e Iván Duque, con diversas manifestaciones a través de sus cuentas en redes sociales.
Hasta que llegó la oferta de Vicky Dávila para ser su estratega política. Así, Arango de nuevo entra a la arena, en donde conoció a Peñalosa, los Nule, Uribe, Santos y Duque.
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