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Detalles de las amenazas de Popeye a tres árbitros argentinos durante la Copa Libertadores de 1989

Por LeidyHernandez | Sáb, 17/10/2020 - 06:13

Carlos Espósito, Abel Gnecco y Juan Bava fueron los tres árbitros argentinos que fueron amenzados por Popeye, el sicario de Pablo Escobar, durante la previa a la semifinales de la Copa Libertadores de 1989 entre Atlético Nacional y Danubio. 'La vida de ustedes acá no vale nada. Y en Buenos Aires nos puede costar 1.000 dólares por cada uno', les dijo Popeye.

Al ser la principal cabeza del cartel del narcotráfio de Medellín, Pablo Escobar era uno de los hombres más ricos y poderosos del mundo. Cometía delitos, asesinatos y violencia que se evidenció en el fútbol. Pero su inicio en el mundo deportivo comenzó con ayudas comunitarias, creando canchas de fútbol en los barrios más pobres de su ciudad. Así, en campos de juego surgieron importantes deportistas como Alexis García, Chicho Serna y Leonel Álvarez.

Pablo Escobar y alias Popeye

 

En su afición, Escobar era fanático del Atlético Nacional. Pagó millonarios salarios en respaldo de las contrataciones de importantes figuras que contribuyeron a ganar la Copa Libertadores de 1989. Pero al morir tant el capo como su principal sicario, alias Popeye, salieron a la luz escalofriantes historias vinculadas a amenazas y amaños para favorecer al Atlético Nacional.

De esta forma, en diálogo con Radio La Red, el árbitro argentino Carlos Espósito contó los detalles de la pesadilla que vivió junto a sus asistentes Abel Gnecco y Juan Bava en la previa a la vuelta de las semifinales entre Danubio de Uruguay y el conjunto colombiano. En la ida, disputada en el Centenario de Montevideo, habían igualado 0 a 0.

Atlético Nacional campeón de la Copa Libertadores 1989

 

Para el encuentro deportivo, Pablo Escobar Gaviria envió a Popeye para amenazar y sobornar a la terna argentina. “Todo arrancó desde que llegamos al aeropuerto de Medellín. Los árbitros colombianos que nos fueron a recibir ya nos habían entregado, estuvimos obligados. Íbamos por el camino Montañita en el que nos decían ‘acá mataron un árbitro, acá tiraron a un juez de línea...’", así comenzó Espósito a narrar los hechos.

"Después de mucha espera fuimos al hotel. Los árbitros no acostumbrábamos a dejar el hotel. Me invitan a una cena y les dije que no... Me levanté a pagar y le dije a la camarera que me llevara un bidón de agua, porque no había agua potable en ese momento en Medellín. Me golpean la puerta y estaba la chica con una botella chiquita. Le recordé que le había pedido una grande. Vuelven a golpear la puerta y le pido a Juan que se levantara para abrir. Y mover a Bava es difícil, es una mole, pero boló". 

"Entraron cuatro, uno con ametralladora. A Gnecco le pusieron una nueve milímetros en la cabeza. Y atrás entró el famoso Popeye, bien vestido, traje, corbata. Traía un maletín. Lo abrió y dijo ‘acá hay 250 mil dólares. Llévenselo, tranquilos, van a salir de Colombia sin problemas’... Antes de eso nos habían roto todos los teléfonos... Les respondimos que habíamos ido a trabajar como corresponde. Cerró el maletín y nos dijo. 'La vida de ustedes acá no vale nada. Y en Buenos Aires nos puede costar 1.000 dólares por cada uno'. Y ahí se fueron”, así comenzó el relato.

Popeye

 

“'¿Qué hacemos?', les pregunté a Bava y Gnecco. No sabíamos para qué lado arrancar. Les sugerí agarrar las valijas e ir a dormir al aeropuerto. Pero Gnecco, que conocía Colombia y que una vez le habían bajado una puerta de un tiro, me gritó: ‘¡Escuchame pelotudo, nosotros de acá no nos podemos mover!’. Esto fue un día antes del partido. Me asomé por la ventana y abajo había cinco tipos que no se movían. Pensamos en llamar a Grondona. En eso vino un árbitro, voy a dar el apellido: Sierra. Y nos dijo que nos debíamos levantar porque había que ir a sacar un permiso de trabajo”, añadió.

Sin embargo, la presencia del árbitro colombiano también estaba planeada y fue un engaño para asegurar la presencia de los jueces argentinos en el decisivo partido. “Terminamos yendo. Pero al llegar al lugar no había nadie. Era feriado. Entonces le tiré ´pelotudo, nos sacaste a propósito´”. De ahí fuimos directo al estadio", detalló.

“Al llegar a la cancha, nos dejaron el auto a unos 300 metros de la entrada. Estábamos rodeados. Llegamos al vestuario y el árbitro colombiano que nos había visitado en el hotel se apareció con una virgen. Gnecco le pegó una patada a la virgen que voló no sé adónde. Ahí llegó el jefe de policía de Medellín y le expliqué que apenas terminaba el partido nos teníamos que ir al aeropuerto. Me explicó que si ganaba Nacional iba a ser difícil por la fiesta. Pobre hombre, si ven la serie de Escobar, a los pocos días lo acribillaron”, confesó el juez.

El día del partido, Nacional goleó ante los charrúas gracias a 4 goles del Palomo Usuriaga, uno de Alexis García y otro de Níver Arboleda. Luego, en la final, se impuso por penales . ante Olimpia de Paraguay. “El partido terminó 6-0. En alguno de los goles lo miré a Bava y nos hicimos la cruz. Al final hubo como 15 muertos por la gente que salía a los balcones y tiraban los tiros al aire. Nos terminamos yendo al aeropuerto, y estaban los uruguayos, que se tomaban el mismo vuelo. Vino el presidente de Danubio, un tipazo, y me preguntó si la habíamos pasado mal. Sabían todo. A ellos les había pasado lo mismo”, concluyó.

Con información de Infobae