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Campos de detención chinos donde grupos minoritarios son obligados a trabajar en fábricas textiles

Por LeidyHernandez | Jue, 17/12/2020 - 11:51

Según información difundida por la BBC se dejó en evidencia el trabajo forzoso en el corazón de la industria global de la moda.

Uigures

 

La investigación demostró que en China hay cientos de miles de uigures y miembros de otras minorías son obligados a realizar duros trabajos manuales en los vastos campos de algodón de la región occidental de Xinjiang. Además, en documentos de internet descubiertos se evidencia el trabajo forzoso en la recolección de un cultivo que representa una quinta parte del suministro mundial de algodón.

En los campos de detención, mantienen a más de un millón de personas, que según las denuncias, son obligados a trabajar en fábricas textiles. Sin embargo, el gobierno chino niega los señalamientos e insiste en que los campos son "escuelas de formación profesional" y que las fábricas son parte de un esquema masivo y voluntario de "alivio de la pobreza".

Por su parte, el doctor Adrian Zenz, miembro sénior de la Fundación Conmemorativa de las Víctimas del Comunismo en Washington para BBC aseguró que "Desde mi punto de vista, hay implicaciones a una escala verdaderamente histórica".

"Por primera vez, no solo tenemos evidencia de trabajos forzosos de los uigures en la manufactura, en la confección de prendas de vestir, sino que también en la recolección de algodón, y creo que eso lo cambia todo", señaló. "Cualquiera que se preocupe por la ética de las fuentes de abastecimiento tiene que mirar a Xinjiang, que genera el 85% del algodón de China y el 20% del algodón del mundo, para decir 'ya no podemos hacer esto'", agregó.

En los documentos se muestra que en 2018 las prefecturas de Aksu y Hotan enviaron 210.000 trabajadores "por transferencia laboral" a recolectar algodón para una organización paramilitar china, el Cuerpo de Construcción y Producción de Xinjiang. Otros hablan de recolectores que son "movilizados y organizados" y transportados a campos localizados a cientos de kilómetros de distancia.

De la misma forma, China ha utilizado la reubicación masiva de su población rural pobre, con el objetivo de mejorar el empleo en una campaña nacional contra la pobreza. Incluso, China, a partir de 2016, ha construido campamentos de "reeducación" para cualquiera que muestre algún comportamiento visto como poco confiable: desde instalar una aplicación de mensajería encriptada en un teléfono o ver contenido religioso, hasta tener un familiar viviendo en el extranjero.

Mientras que China las llama "escuelas para la desradicalización", sus propios documentos sugieren que la realidad es un sistema draconiano de internamiento que apunta a reemplazar las viejas identidades de fe y cultura con una lealtad forzada al Partido Comunista.

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