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Radiografía de Argelia, uno de los municipios más violentos de Colombia

A comienzos de los años setenta era un pueblo próspero del Cauca. Ahora narcos, disidentes, bandas criminales y mexicanos imponen su ley. Homicidios y masacres frecuentes en medio de la disputa por el negocio y rutas del narcotráfico. Estado no aparece.

Por Agencia Periodismo Investigativo | Mié, 03/02/2021 - 07:48

En 1970, el municipio de Argelia era un territorio exuberante. Los campesinos de la región trabajaban en cultivos de café y frutas. Pese a que no tenían vías ni energía, sus habitantes se las arreglaban y vivían felices y en paz. Ahora, medio siglo después, se convirtió en uno de los pueblos más violentos del país. Asesinatos, masacres, exilios y la disputa a muerte entre bandas por los cultivos ilícitos y rutas del narcotráfico son el pan de cada día, frente a una población indefensa y autoridades que poco pueden hacer.

Este lunes la historia trágica se volvió a repetir. Brayan Javier Secué Ipia departía con varios amigos cerca al municipio. Estaba en una tienda en la vereda La Emboscada. Terminó la charla y se disponía a regresar a su casa, pero no lo logró. Varios hombres lo emboscaron y sin mediar palabra, desenfundaron sus armas y lo asesinaron.

Secué Ipia, era un desmovilizado de las Farc. Luego de permanecer un tiempo en el Espacio de Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR) en Miranda, Cauca, se trasladó a Argelia.  Casi siendo un niño, fue reclutado por el grupo armado ilegal en su natal Corinto, otro municipio histórico en el conflicto. El alcalde de Argelia, Jhonatan Patiño, se siente impotente y ha denunciado que está amenazado de muerte.

La geografía del municipio es agreste. Sus vecinos viven también el recrudecimiento de la violencia que por estos meses azota al sur del país en los departamentos de Cauca y Nariño. Limita con Balboa, Patía, El Tambo y el norte de Nariño.

Argelia hace parte de un corredor con estaciones que se disputan grupos armados ilegales. Es la columna vertebral de los cultivos ilícitos y el narcotráfico. En la cordillera occidental sostienen el negocio, ilegales en pueblos como Cajibio, Morales, Buenos Aires y Suárez, hasta llegar a Guapi, Timbiquí y López de Micay.

Cultivos ilícitos
El ministro de Defensa, Diego Molano, aseguró que "concentraremos nuestros esfuerzos en acelerar la lucha contra el narcotráfico" y continuará con las tareas de erradicación y “profundizaremos en la aspersión con precisión”.

 

Similar situación se vive en la intersección de la cordillera central. Desde Florencia y San Sebastián en límites con el norte de Nariño, hasta Miranda en la frontera con el sur del Valle del Cauca. “Dos cordilleras, un solo negocio, por ello todo es tan difícil para la gente de la región”, sostiene un conocedor de la región.   

Temístocles Ortega, es oriundo de la zona y durante décadas ha vivido la transformación del municipio. Fue su secretario de gobierno y alcalde encargado.  Además, gobernador, magistrado y congresista: “Así como es de trágica y dolorosa la situación, es sencilla de explicar; grupos armados de diversa índole enfrentados, ejercen control absoluto, sobre todo, esto se sabe, pero el gobierno no actúa, por eso la gente habla de estrategia cómplice”, aseguró a la Agencia de Periodismo Investigativo, API.

Un dominio ilegal al que se llegó, a finales de los setenta, cuando las Farc continuaban consolidando su presencia en el sur de país con dominio evidente para las tres décadas siguientes. Y Argelia, uno de los eslabones de la cadena del narcotráfico en el Pacífico para exportación de cocaína a Centroamérica y Estados Unidos, también padeció el conflicto.

Sin embargo, hacia 2003 comenzó una dura confrontación con el Estado. “En los tiempos duros de la confrontación hubo corregimientos como El Mango, a 15 minutos del casco urbano de Argelia, fue uno de los sitios más bombardeados del país con tatucos, mas que Toribío”, recuerda un profesor universitario de la región. También es recurrente la intervención del municipio con tanques de guerra del Ejército Nacional.

La guerra y la presión del gobierno obligó a la retirada de las Farc. En medio estaba la población. Muchos hastiados de la violencia y otros cercanos al entonces grupo armado ilegal. Todo intentó entrar en reconstrucción, en medio de las secuelas de un conflicto imborrable. “Esos territorios los dejaron abandonados después de la retirada de las Farc y otros grupos ilegales fueron entrando y apropiándose del territorio”, destaca un habitante de la región que ahora vive en Bogotá.

Combates
Líderes sociales denunciaron, desde el anonimato, que en la zona llevaban siete días de combates entre las disidencias de las Farc y el frente José María Becerra del ELN.

 

Vino entonces la firma del Acuerdo de Paz con las Farc. Su implementación en departamentos determinantes como el Cauca y en municipios como Argelia y pueblos colindantes resultó aparatoso. Pese a los esfuerzos de las partes, la gestión de gobernadores y la impotencia de varios alcaldes, todo pareció tardío y el municipio se volvió tierra de nadie.

Ahora las disputas son múltiples, así como también lo son los homicidios, las masacres, las amenazas, las disputas territoriales o el desplazamiento, en donde el más fuerte impone su ley en una danza de la muerte que afecta a todos los bandos.

Muertos generados por narcotraficantes colombianos y mexicanos, grupos armados ilegales, las disidencias de las Farc agrupadas en el Frente Carlos Patiño, la Segunda Marquetalia de Iván Márquez y el ELN, que se disputan la droga, minería ilegal, armas, control social y que buscan mandar en cada administración local.

“Poco o nada pueden hacer las administraciones territoriales más que amplificar denuncias y quejas, y solicitar la intervención de las autoridades que, si tienen competencia, ni gobernadores ni alcaldes manejan la Fuerza Pública, allá hay muertos cada día”, indicó Temístocles Ortega.

Víctimas qué pululan. De hecho, registros de la Fiscalía y la Defensoría del Pueblo han catalogado a Argelia como uno de los municipios más violentos del país. Según un reciente informe de estos organismos, es el tercero en Colombia. Tiene cerca de 30.000 habitantes con una tasa de homicidios de 289 por cada 100.000 habitantes, superado por Tarazá en Antioquia y Corinto en Cauca.

Video del concejal Fermiliano Meneses días antes de ser secuestrado y asesinado por el ELN.

 

Los muertos de Argelia son casi incontables.  El más reciente Brayan Javier Secué Ipia. Antes fue el concejal Fermiliano Meneses, al tiempo que sus 12 compañeros de cabildo tuvieron que salir del municipio. A estos les antecedió en noviembre del año pasado, el asesinato de cinco personas que ultimaron en una discoteca, un bar y un billar del municipio.

Ese mismo mes sucedió algo similar. Luis Evelio Quiroz, Reinel Ajaji y un menor de 15 años fueron asesinados. Dos semanas antes, el 27 de octubre, el líder social Carlos Navia, también murió a manos de desconocidos en zona rural de Argelia. Víctimas que hacen parte de una larga lista de fallecidos.

A finales de la semana pasada, Daniel Palacios, ministro del Interior, llegó con otros funcionarios del gobierno a Popayán y anunció mayor protección a los habitantes al garantizar el retorno a Argelia de 11 concejales de municipio que salieron por amenazas. Uno de ellos apareció asesinado luego más de una semana de búsqueda.

“Cualquier acción del Estado que no involucre a la gente tiende al fracaso. Inversión social y productiva, bienes públicos, fuerza pública y comunidad con vocación de permanencia, no de coyuntura”, concluyen los expertos que puede ser parte de la solución al grave problema del municipio.

De hecho, hace pocos días se adjudicó la pavimentación de la vía Balboa a Argelia con una inversión de $72.000 millones, recursos provenientes del Ocad, fondo de paz. Un líder político que permaneció varios años secuestrado por las Farc señaló que en cautiverio oía decir a los guerrilleros que a lo que más le tenían miedo era a las vías y a la electrificación.

Con esta obra, sus pobladores aspiran a que Argelia retome de nuevo la ruta, para ser otra vez el remanso de paz de los cultivadores de café y frutas que fue hace medio siglo.  

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