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Rastro de un feminicidio que se empieza a aclarar

Yuddith Alexandra Anaya Pacheco, de 33 años de edad, hermana de una exfiscal y actual contralora murió por una dosis de Clonazepam que le suministraron. Su cuerpo fue abandonado en zona residencial del norte de Bogotá. Misterios de un crimen. 

Por Agencia Periodismo Investigativo | Dom, 27/12/2020 - 00:18

De los cerca de 200 feminicidios que se han cometido en Colombia este año, la mayoría permanecen en la impunidad. De la lista hace parte el caso de Yuddith Alexandra Anaya Pacheco, de 33 años de edad. La mujer salió de su casa ubicada al noroccidente de Bogotá, el pasado sábado 14 de noviembre a reunirse con un amigo. Al día siguiente, un vehículo dejó tirado su cuerpo sin vida, en un andén del barrio San Martín, cercano al mismo sector donde vivía. Ahora, un mes y medio después de los hechos, el crimen comienza a aclararse. 

El misterio del homicidio radica en establecer qué pasó en esas 15 horas, desde la salida de la mujer de su casa hasta las siete de la mañana cuando vecinos del sector llamaron a la Policia para advertir que había un cadáver en la vía.

Hermana de la exfiscal y actual contralora para las Regalias, Yajaira Cáceres Pacheco, la víctima salió de su casa en las horas de la tarde, sin dar aviso a sus familiares de la actividad, compañía y sitio en donde se reuniría. 

Lo cierto es que Yuddith Alexandra fue recogida en un taxi con destino desconocido, frente a su casa por un hombre de apariencia joven, alto, de entre 30 y 40 años. La mujer vestía chaqueta y blusa negras, blue jeans, tenis negros y bolso pequeño que utilizaba terceado. 

Desde las cinco de la tarde hasta las primeras horas de la madrugada del domingo no es claro lo qué pasó. Las autoridades presumen que estuvo un bar con el amigo que la recogió y otro que apareció después.

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Bar (imagen de ilustración) 

 

De allí, al parecer, el establecimiento fue cerrado, por ello, Yuddith Alexandra junto a los dos hombres tomaron la decisión de continuar la fiesta en un amanecedero de la denominada Zona T, al norte de Bogotá. 

Llegaron al sitio ubicado, en el segundo piso, en la calle 85 14-13. Eran cerca de las cuatro de la mañana. La mujer empezó a departir con dos hombres identificados como Mateo Rojas y Andrés Felipe Monroy a quienes conoció allí.

En el sitio de rumba, pequeño y con un número de clientes reducido, a los pocos minutos aparecieron un hombre y una mujer que empezaron a interactuar en medio de la música estridente y la tenue luz del lugar.

La conversación resultó amena y rápidamente hubo empatía entre todos. En un abrir y cerrar de ojos, los sujetos ofrecieron un trago a sus recién conocidos amigos. Se trataba de Jefferson Arango Castellanos y Kenny Julieth Uribe Chiran.

Solo transcurrió una hora y media en el amanecedero. Yuddith y sus dos amigos, prácticamente perdieron el conocimiento. Caminaban en estado de confusión y desorientación espacio temporal. Bajaron del sitio y fueron conducidos a un vehículo desconocido que los esperaba.

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Ello se produjo porque a los pocos minutos de llegar al sitio, los tragos que recibieron contenían Clonazepan. Un medicamento depresor del sistema nervioso central que genera somnolencia y pérdida de conciencia y voluntad. Incluso en altas dosis produce paro respiratorio y la muerte.

Una vez bajaron del establecimiento los esperaba un carro particular de placas HEO 910, conducido por un aliado de la pareja. Ya eran las 5 y 23 de la mañana y así se inició el recorrido de la muerte para la mujer.

Perturbados, idos y desubicados, los dos hombres y la mujer fueron obligados a subirse al vehículo. A las pocas cuadras continuó su infierno. Empezaron a ser despojados de todos sus objetos personales. Fueron requisados con paciencia y al detalle por Arango y Uribe, sus contertulios de pocos minutos antes en el sitio.

El botín fue significativo. Dinero en efectivo, tarjetas debito desocupadas en cajeros, celulares y algunas joyas. Los que trataban de oponerse como Yuddith pese a la somnolencia, fueron golpeados. 

Entonces empezaron a apurar al conductor del vehículo registrado a nombre de Himmer Darley Aguirre Muñoz. Necesitaban deshacerse de los forzosos pasajeros.

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Cadáver abandonado. (imagen de ilustración)

 

El primero fue Andrés Felipe Monroy. Fue abandonado en la carrera 51 con calle 129. Tuvo suerte porque a los pocos minutos, policías que patrullaban el sector lo recogieron y lo llevaron a la clínica Reina Sofía. Pese a su complicado estado de salud, los médicos le salvaron la vida.

El recorrido continuó con el segundo pasajero. El turno fue para Mateo Rojas. Fue dejado también en la vía pública. En la calle 147a con carrera 45, patrulleros de CAI de Mazurén, atendieron informaciones de vecinos del sector y lo recogieron. De inmediato informaron a sus familiares. También fue llevado a una clínica y se recuperó de la intoxicación.

La peor parte la llevó la mujer. Fue la tercera en el recorrido de la muerte. Hacia las 6 y 33am Yuddith Alexandra Anaya Pacheco fue dejada en la calle 86d frente a un inmueble identificado con el número 30-85, en inmediaciones del sector de La Castellana.

Según la necropsia, cuando la abandonaron en la vía pública, estaba sin vida. La mezcla de alcohol y el Clonazepam causaron su deceso rápidamente. 

Con un componente adicional, fue golpeada. “Presentó hematomas y escoriaciones en cadera y extremidades que podrían llegar a ser explicados porque estando la persona en estado de inconciencia o de alteración de la conciencia, fue arrastrada o fue sometida con violencia para inmovilizarla tanto de forma física cómo a través de sustancias depresoras del sistema nervioso central”, destaca uno de los informes forenses del caso.

 

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Audiencia (imagen de ilustración)

 

Un médico experto conocedor del proceso señaló: “Las benzodiacepinas como el Clonazepam se utilizan con fines delincuenciales para disminuir o anular la resistencia de las personas. En este caso, quienes le suministraron la sustancia sabían que ella se encontraba bajo el estado del influjo de alcohol y así procedieron a darle este componente con lo que prácticamente aseguraron la muerte de esa mujer.

Luego de varias semanas de investigación y del trabajo de sus familiares y abogados que no descansaron para precisar lo que sucedió en la nochebuena, se anunció que los dos hombres y la mujer que participaron en el hecho fueron capturados. 

Al día siguiente, en Navidad, fueron imputados por el homicidio de la joven mujer. También por secuestro extorsivo agravado y hurto calificado y agravado. También se legalizó su captura e incautación de un celular. El martes continuará la audiencia de medida de aseguramiento. Se exponen a una pena superior a los 40 años de prisión.

Un caso en el que fueron determinantes cientos de horas de grabación captados por la cámaras de seguridad de varios sectores que fueron revisadas minuciosamente. De allí se pudo extraer la placa e ubicar el vehículo en donde fueron transportadas las víctimas.

También fue clave las comunicaciones del teléfono celular de uno de los capturados, así como algunos testimonios recopilados de personas que estuvieron esa madrugada en el amanecedero.

En el contexto de fin de año, los familiares de Yuddith piden todo el peso de la ley contra los imputados. La mujer dejó una niña menor de edad y el recuerdo de ser siempre resiliente frente al rechazo que padeció por sus limitaciones físicas que superó con esfuerzo y dedicación. Tampoco fue su límite la falta de oportunidades que padeció. 

Un feminicidio que se empieza a aclarar, de los cerca de 200 sucedidos este año que aún siguen a la espera de resolverse.

 

 

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